Tomé un curso de capacitación sobre la norma ISO 21001:2018 que el IPN ha adoptado como estándar para las prácticas de gestión educativa. Pensaba colocar aquí una descripción más o menos detallada de cómo se desarrolló el curso pero creo que sería demasiado largo y demasiado «quejumbrosa» la narración, por lo que me trataré de concentrar en la esencia del asunto.

Al inicio de esta serie mencionaba esa anécdota de Eisenhower que habla de lo que muchos en México quisiéramos, y que sólo escuchamos el 15 de mayo y en el discurso oficial, como relataba hace dos entradas. Este curso no ha sido la excepción. Primero, con la exposición de la instructora, señalando que, como era de esperarse, la actividad docente es el punto medular de la norma y es sobre la que se concentrar la mayor parte de los procesos a normar.
Posteriormente, con la visita del director en turno de la UPIICSA al cierre del curso para «agradecer la participación de quienes somos la esencia del quehacer educativo» (ese discurso del que hablo). Al rededor de todo esto, la realidad es muy diferente. En el contexto en el que esto se da, la norma tiene muchos buenos deseos más que buenas prácticas.

Como siempre digo y escribo, «no son los procesos, es la gente.» Iniciativas como ésta provienen en parte de tendencias internacionales o buenos propósitos (u ocurrencias) gubernamentales, pero también de la necesidad de «salir en la foto» por parte de las autoridades escolares y de la justificación de empleo (o razón de ser) de las áreas de administración (muchas conformadas por gente que carecen de experiencia pedagógica; no son docentes, sólo son administradores).
Así que, mientras que se demanda que la mayoría del tiempo de los profesores de tiempo completo sea frente a grupos, promoviendo que sea el docente quien destine horas extras de su tiempo en la preparación de clases y muchas otras labores alrededor y derivadas de su labor docente, ahora se busca que sea éste un ejemplo a seguir en el registro y ejecución de su actividad. Como era de esperarse, muchas quejas se expresaron por una falta de congruencia entre la carga académica, lo que demandará el seguimiento de la norma, la existente falta de recursos e infraestructura, y compensación por el esfuerzo asociado a salvar todos esos obstáculos y cumplimiento de demandas administrativas.
