Performance(2)

Hace tiempo traté de iniciar esta serie de entradas dedicadas a la medición del desempeño en un computador. Pero el esfuerzo no avanzó más allá de un primer texto introductoria sobre el tema y dos términos. Estoy retomándola y esperando darle la continuidad apropiada.

Recientemente me topé con un problema que me hizo considerar revisar la forma en la que se está haciendo uso de mi equipo, y no tanto por el uso que yo le doy sino por parte de cuanto proceso corre en él. Así, empecemos por sensibilizarnos sobre algunas cosas.

En términos generales, la mayoría de los usuarios de un equipo de cómputo (sea móvil, de escritorio, de oficina, académico, científico o industrial) no nos preocupamos por el desempeño, el performance, de nuestro equipo hasta que notamos ya no es tan rápido como antes (o como esperamos lo sea). Usualmente en ese momento consideramos que nuestro equipo está «obsoleto» y empezamos a considerar en invertir en uno nuevo. Sólo diré (para evitar alargar esto con desviaciones del tema), que debemos saber distinguir entre «obsolescencia«, «envejecimiento» y «mal uso«. No importa cual sea el producto, no hay un producto perfecto que soporte el avance tecnológico, el paso del tiempo (bueno, quizás haya algunas excepciones que sin buscarlo, sus imperfecciones los han hecho acercarse a esa definición) y nuestros sistemas de comercio.

Entonces, esta serie de entradas en este blog nada tienen que ver con evitar el envejecimiento o la obsolescencia de un equipo de cómputo, o sobre el software que corre en él (aunque intangible, lo cierto es que estos tres conceptos de obsolescencia, envejecimiento y mal uso igual aplican en su debida manera), esta serie de entradas se enfoca a detallar y reflexionar sobre cuáles serían aquellas acciones, cuidados y buen uso que nos permita sacar el «mejor provecho» de nuestro equipo. Entendiendo «mejor provecho» como el poder hacer uso de éste al máximo (o hasta donde se pueda de forma inherente) e implícitamente poder sobrellevar la obsolescencia a la que nos forza el ecosistema tecnológico y comercial a términos aceptables; es decir, en lugar de considerar cambiar nuestro equipo de cómputo cada dos o tres años, porque alguna nueva versión del sistema operativo o de alguna aplicación «se lo está comiendo», poder hablar de que aún hacemos cómodo uso de éste a 10 años de su compra (cuando seguramente ya lleva algunos años de haber sido declarado por el fabricante «sin soporte» y sin posibilidades de instalar nuevas versiones del sistema operativo o aplicaciones).

Sin duda, muchos lectores consideren que el sistema operativo de un equipo debe evitar su «mal uso» (un uso descuidado o poco eficiente), que es ciertamente es parte del dominio de funciones pero en la práctica no es más que un buen deseo. Debemos aceptar por el momento, que si no le ayudamos al sistema operativo a hacer su trabajo, difícilmente nos ayudará a tener una buena herramienta para usarse en el nuestro.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.