
La búsqueda de empleo concluyó hace aproximadamente un mes (al momento en que comienzo a escribir esto). A diferencia de una ocasión previa, esta vez fue rápida, pero la presión económica me hizo sentirla más prolongada.
Cada ocasión es diferente. Se aprenden cosas nuevas, se conocen personas, se viven otros procesos y se puede «palpar» el estado del mercado laboral. Este último, en particular, cada vez lo siento más competido y difícil. No sé si estoy envejeciendo o si el mercado laboral es cada vez más exigente, pero es un hecho que cambia y su ritmo de cambio es notorio. Si uno pudiera tomarlo como un reto, resultaría entretenido el asunto; algo contra lo que uno puede verdaderamente medirse en capacidades, conocimiento y habilidades.
«En el tintero» dejé otras dos o tres oportunidades económicamente prometedoras (y quizás una profesionalmente más retadora), pero, a pesar de que ya se encontraban casi en su última etapa, aún mantenían una incertidumbre considerable. A veces, uno debe canjear ciertas promesas y futuros promisorios por oportunidades mucho más estables, inmediatas y seguras. Así, decidí aceptar una que se resolvió rápido, pero con la que no estaba del todo entusiasmado, ya que estaba ligeramente por debajo de mis pretensiones económicas. A cambio, esta oportunidad ofrece cierta estabilidad y algunos beneficios que los trabajos bajo la modalidad de «contractor» no ofrecen (que ya extrañaba).
Como acostumbro, no suelo dar muchos detalles sobre el empleador ni sobre el proyecto en cuestión hasta que termino la relación laboral, pero creo que puedo hablar de algunas cosas. Para empezar, este empleador es particularmente quisquilloso en lo que respecta a la ética, la discreción y la privacidad, lo cual no está mal, pero ello conduce a entornos particularmente restrictivos. Curiosamente, el reclutador de esta empresa que me contactó me recomendó no mencionar (ocultar al final) lo referente a mi actividad académica, ya que «la empresa es particularmente contraria a gente que tiene más actividades profesionales» (sic). Pero ya cuando inicié los procesos de onboarding y debí acreditar y dar fe de conocimiento de todos estos principios de «honestidad», «ética» y «transparencia» que presume mi empleador, sí he tenido «sentimientos encontrados» que no me hacen sentir muy a gusto.
Hace mucho tiempo, cuando terminé el doctorado y buscaba reincorporarme al mercado laboral, respondí a una vacante de esta empresa, en una época en la que uno debía acudir a entrevistas presenciales con el CV en la mano. Si no me equivoco, respondía a una vacante para «científico de datos» (cuando esta actividad era novedad) y en sus instalaciones pude ver el letrero de una de sus divisiones o áreas con la palabra «research» en su nombre. La reclutadora que me entrevistó me indicó que, en realidad, ese «research» no era lo que yo creía y que el panorama de compensaciones para el puesto era realmente desmotivante. Obviamente, aquello no prosperó y, varios meses después, me incorporé a Eva Health.
Con el paso del tiempo, de esta empresa recibí varios ofrecimientos, pero todos muy por debajo de lo que percibía o podía percibir en otras consultoras. ¿Quién diría que, algunos años después, me uniría a esta empresa?
Siguiente
