El obradorato(15)

El caso del asesinato de Colosio es un buen ejemplo de lo que era el México antes de la 4T y de lo que nos encontramos ante la 4T.

El asesinato de Colosio mostró el tipo de México que se conformó tras la revolución y se consolidó en la posguerra. La lucha de poderes y por el poder al término de la Revolución que llevó a que se conformaran grupos con intereses nacionales o particulares.

La consolidación de los partidos políticos asentó la idea de que eran quienes gobernaban el país según sus propias agendas y objetivos (y no tanto los del partido, sino los de sus dirigentes). Pero también existió esa idea a la que muchos llamaban «mafia del poder», conformada por empresarios, gente adinerada y políticos. Tanto la cúpula del poder político (público y partidista) como esa «mafia del poder» eran vistas como clubes exclusivos en los que no se entraba fácilmente: no sólo exigían preparación, sino también algo de «linaje».

López Obrador no podía acceder a ninguno de estos grupos: no tenía la preparación (ni la capacidad) ni el linaje requeridos. Por lo que abordó el problema en función de la cantidad y no precisamente de la calidad. Se rodeó y se dejó rodear por cualquiera que le sirviera a sus propósitos (o lo convenciera de ello) y dejó entrar a cualquiera en sus planes: inútiles, incapacitados (cognitivamente), criminales, políticos venidos a menos. Él creyó haber conformado algo que podía manejar y heredar, pero lo más importante era que le permitiría alcanzar dos caprichos: pasar a la historia como un «gran hombre» y destruir todo aquello (y a aquellos) que lo habían ninguneado durante años. Le ganaron el ego y la sed de venganza.

Así, en el obradorato vemos a López Obrador demostrando que todo lo hecho por los gobiernos anteriores era solo corrupción, que servía a los intereses «de los poderosos» y que el pueblo había sido olvidado. Cegado por esta necesidad olvido hacer (o no le importó ya) uso de todo aquello por lo que chilló: la oportunidad de demostrar que sus ideas eran buenas… aunque gastó tanto tiempo en buscar la manera de saciar ese resentimiento que traía de décadas que (pese a que él decía que «no se necesitaba mucha ciencia para gobernar») se vio abrumado y rebasado por el puesto, al que respondió con ocurrencias sin ton ni son.

Siguiente

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.