El caso del asesinato de Colosio es un buen ejemplo de lo que era el México antes de la 4T y de lo que nos encontramos ante la 4T.

El asesinato de Colosio mostró el tipo de México que se conformó tras la revolución y se consolidó en la posguerra. La lucha de poderes y por el poder al término de la Revolución que llevó a que se conformaran grupos con intereses nacionales o particulares.
La consolidación de los partidos políticos asentó la idea de que eran quienes gobernaban el país según sus propias agendas y objetivos (y no tanto los del partido, sino los de sus dirigentes). Pero también existió esa idea a la que muchos llamaban «mafia del poder», conformada por empresarios, gente adinerada y políticos. Tanto la cúpula del poder político (público y partidista) como esa «mafia del poder» eran vistas como clubes exclusivos en los que no se entraba fácilmente: no sólo exigían preparación, sino también algo de «linaje».
López Obrador no podía acceder a ninguno de estos grupos: no tenía la preparación (ni la capacidad) ni el linaje requeridos. Por lo que abordó el problema en función de la cantidad y no precisamente de la calidad. Se rodeó y se dejó rodear por cualquiera que le sirviera a sus propósitos (o lo convenciera de ello) y dejó entrar a cualquiera en sus planes: inútiles, incapacitados (cognitivamente), criminales, políticos venidos a menos. Él creyó haber conformado algo que podía manejar y heredar, pero lo más importante era que le permitiría alcanzar dos caprichos: pasar a la historia como un «gran hombre» y destruir todo aquello (y a aquellos) que lo habían ninguneado durante años. Le ganaron el ego y la sed de venganza.
Así, en el obradorato vemos a López Obrador demostrando que todo lo hecho por los gobiernos anteriores era solo corrupción, que servía a los intereses «de los poderosos» y que el pueblo había sido olvidado. Cegado por esta necesidad olvido hacer (o no le importó ya) uso de todo aquello por lo que chilló: la oportunidad de demostrar que sus ideas eran buenas… aunque gastó tanto tiempo en buscar la manera de saciar ese resentimiento que traía de décadas que (pese a que él decía que «no se necesitaba mucha ciencia para gobernar») se vio abrumado y rebasado por el puesto, al que respondió con ocurrencias sin ton ni son.
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