Y al final, ¿qué aprendimos?

Desde que el horario de verano se instauró hace veinte y tanto años hubo quejas y protestas. Todos alegaban trastornos físicos y psicológicos por este ajuste de una hora en los relojes. Los primeros años hubo muchos compromisos que se perdieron o a los que se llegó muy temprano pero con el paso de los años todo mundo estaba ya muy habituado a este ajuste. Ayudaba mucho el que relojes, proveedores de internet y todo dispositivo con un reloj lo hiciera por nosotros.

Los quejosos de este cambio nunca dejaron de existir, ni dejaron de quejarse. Echaban mano de cuanta queja y cuanto estudio podían encontrar que les ayudara a justificar el detener esto que afectaba a nuestra salud y nos fue impuesto.

Recordemos que este ajuste fue adoptado tanto para tratar de mantener un equilibrio con aquellos países que lo practican desde hace mucho más tiempo y al mismo tiempo poder sacar el provecho económico asociado a éste. La ciencia nos indica que ante el vaivén de inclinación de 23.5 grados que la tierra experimenta sobre su eje en el transcurso de su órbita, el salir y la ocultación del sol se desplazan sobre las marcas de nuestros mecanismos medidores de tiempo. Adelantar y retrasar los relojes permite prolongar la ventana de luz que el sol provee.

Al igual que lo anterior es innegable, también lo es que nuestra posición en el hemisferio norte puede hacer que el ajuste del horario no sea tan notorio como lo es en latitudes más elevadas pero el ajuste no deja de ser notorio al grade que cause estos «problemas fisio-psicológicos». Aunado a lo anterior, la justificación de las actuales autoridades para revocar este cambio de horario ha sido que tampoco se han visto los ahorros ni los beneficios.

Al final, justificándose en un «no sirve de nada y es mejor quitarlo para sólo tener el «horario de Dios»» se ha retirado el ajuste del reloj dejándonos con un permanente horario de invierno. La decisión se ha celebrado como si fuera un evento de emancipación de entre chillidos y quejas. ¿Dónde quedó todo esa resilencia y adaptabilidad que todos presumen?

La verdad de esto es que no supimos aprovechar las ventajas del ajuste de horario. No se fomentaron hábitos, no se creó infraestructura, no se adoptaron políticas que premiaran ni permitieran sacar provecho de este ajuste. Ni más ni menos. Vamos, ni siquiera hubo una adecuada explicación y concientización desde el momento de su instauración.

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