Se descompuso mi lavadora de ropa. Dejó de funcionar después de llenarse como preparativo para un nuevo ciclo de lavado. Es una lavadora de «mil batallas», con más de 20 años de vida útil. Ya con algunas reparaciones, incluidas algunas mías.
La primera vez que pasó esto, en el Whatsapp del servicio técnico al que recurro, me indicaron ponerla en el ciclo de centrifugado, lo cual funcionó en aquella ocasión. Curioso al respecto, chequé «la receta con ChatGPT«, que me indicó que esto se debía a que la lavadora «se estaba protegiendo de alguna manera» (porque algún sensor detectó un desbalance en la tina, una mayor o menor cantidad de agua, o algo que activó alguna protección y el ciclo de centrifugado permitió hacer un reset de todo esto). Aunque la respuesta parecía lógica, me dio la impresión de que ChatGPT «me estaba dando el avión». La verdad, no creo que mi vieja lavadora tenga sensores para esto.
El problema se presentó de nuevo y se resolvió con la misma «receta.» Pero en una tercera ocasión ya no sirvió. El técnico determinó que el control de seguridad de la puerta era la causa y puenteó al interruptor. Este control ya lo había reemplazado tres veces y requería cambiarlo de nuevo, pero le «había estado dando vueltas al asunto». El técnico me dice que valen $1500 y que ya no los hacen (lo cierto es que pueden ser ordenados desde USA por entre $200 y $400 MXN, incluidos los gastos de envío, pero no duran más que unos meses). Me cobró $1200 por el arreglo que, de haber sabido, lo habría hecho yo, pero pagué esos $1200 considerando que estoy pagando por conocimiento (también yo aprendí), mano de obra y el ahorro de cambiar este switch de seguridad (ya no hay niños en casa tampoco).
Mientras se hacía la reparación, esta persona me comentaba la ventaja de estos viejos electrodomésticos por ser reparables. Me señalaba lo malos y desechables que son los productos actuales, y me platicaba de una lavadora nueva que está reparando, pero que ya le ha costado una semana «y no queda». La plática me recordó a una similar con un técnico de reparación de refrigeradores que solía arreglar el que tenía mi mamá. Este señor estaba maravillado con el viejo Westinghouse (principalmente por los materiales y la forma en que estaba montado el serpentín, lo que lo hacía duradero y reparable) que teníamos, y le decía lo malos que eran los actuales (lo cual fue un error, pues él insistió varias veces a mi mamá para que se lo vendiera y mi mamá entonces cambió su mentalidad sobre el refrigerador*). Anécdotas y experiencias como estas abundan y se repiten en cada generación.
No hace mucho, escuché hablar de un «índice de reparabilidad» que se implementó en Francia1. La idea me parece buena y no sé por qué no se originó e implementó primero en México, dado que somos muy dados a reparar las cosas en lugar de cambiarlas por otras, así como a arreglar muchas cosas que parecen difíciles de reparar.
* Al margen de esto, mis abuelos tenían un refrigerador aún más viejo,que vio crecer a mi mamá y a mis tíos, junto con todos sus nietos, sin requerir reparación alguna durante todo ese tiempo. Según se contaba, era uno de los primeros refrigeradores que llegaron a México exportados de Alemania por una determinada empresa. Cuando fallecieron los abuelos, fue apagado, quedó en abandono y se echó a perder.
Referencias
- «Índice de reparabilidad«, manglai.io, web. Visitado: 2026.03.06. URL: https://www.manglai.io/glossary/indice-de-reparabilidad.

