Como padre de una hija, este tipo de cosas me preocupan. Sabemos que desde hace años estas cosas ocurren en la frontera norte. Más recientemente se han agudizado en el Estado de México y no falta mucho para que también se vuelva alarmante en la CDMX.
De hecho, el sólo hecho de haber una muerte violenta ya debería ser alarmante. Hay lugares en el mundo donde un barrio se considera muy peligroso porque en el transcurso de un año llegaron a asesinar a alguien en sus calles. En México, una cifra así no nos altera de hecho podemos llegar a considerar una zona así como «segura», pues sabemos que hay lugares donde pueden asesinar a alguien cada semana.
Ciertamente el problema aquí es muy complejo. Con esto quiero decir que la solución no es algo que puede alcanzarse con una sola acción y en poco tiempo. En este caso incluso es algo ya cultural.
Socialmente hablando, nuestra cultura es bastante desconfiada y desapegada de la ley. No digo que estemos en una situación en la que no haya o nadie respete la ley; de hecho la gran mayoría de la gente lo hace pero de forma básica y elemental.
Aunque honesta (con esto me refiero a que la mayoría de la gente no es criminal) la gente sabe que las ruedas de la justicia en nuestro país giran muy despacio. Razón por lo que mucha gente no denuncia los delitos (y esto sin considerar el que muchas autoridades estén coludidas) y prefiere apechugar con el costo, llegar a un acuerdo o hacer justicia por mano propia. Sabemos que la ley opera lentamente y abusamos de ella.
Tenemos una larga y enorme herencia de inoperatividad judicial, lo que se suma a lo anterior. Tenemos autoridades que se enfocan más en el proceso que en el resultado, y representantes que se «hacen de la vista gorda» para actuar pues hay huecos legales, desconocimiento de cómo actuar y organizaciones que han perdido de vista su función u objetivo que llevan a que tras un retorcido y kafkiano proceso de argucias legales, ellos salgan perjudicados.
Lo anterior más el que muchas penas son demasiado «suaves», pueden evitarse por corruptelas, acuerdos o buenas voluntades, y la impunidad imperante sólo lleva a que se refuerce el círculo vicioso en el que nos hemos metido perdure y se amplíe. Hemos llegado a un punto en el que se debe reinsertar ese temor que en tiempos atrás se tenía y evitaba se llegara a cometer algo ilegal: la pena capital.
Nuestro sistema legal no es perfecto, y seguramente se cometerán errores, pero la verdad, se requiere ya el que la población perciba hay un castigo ejemplar ante las atrocidades que se están cometiendo. Hay quien dice que esto se debe a que no hay oportunidades de empleo y la gente se ve obligada a delinquir, puede ser cierto, pero yo me inclino a pensar que la razón de peso es que nuestro actual sistema legal y de procuración de justicia es un chiste.


