De cultura e infraestructura vial (122)

Mi hermana y papás me visitaron este pasado fin de semana. Durante el fin se semana observaron los «arreglos» en la geometría de aceras y calles. Me comentan que igual ocurre en Xalapa, Ver., el espacio peatonal es ampliado, el espacio vehicular es reducido. Mi hermana menciona que esto es por una tendencia o influencia europea. Igual concordamos que es una tontería, al menos la forma en la que se hace, es decir, dificultar el circular de los autos para desincentivar su utilización; hacer promoción del uso de las bicicletas y ampliar el espacio para que el peatón pueda convivir con los ambulantes para «estar a tono con las agendas e intereses políticos, así como con el vulgo y sus demandas.

Independientemente de la geometría de cada ciudad y de su topografía, el sentido común dice (y la experiencia enseña) que prohibir por prohibir no deja nada bueno. Desincentivar algo para incentivar otro debe ir de la mano de «algo más».  Me refiero a que, apelar a lo «ecológicamente», «políticamente» o «civilmente» correcto serán sólo buenos deseos condenados a no ser escuchados como para que tomen momentum hasta que sea muy tarde. El uso del auto está socialmente muy arraigando como así como económica e industrialmente justificado. Si se desea evitar su uso debe haber (idealmente la mayor cantidad) premios por no usarlo así como alternativas que permitan prescindir de éste sin sacrificar comodidad, seguridad, y uso práctico.

Por el momento, nuestra idiosincrasia nos hace ver que todas estas dificultades para hacer uso del automóvil son parte del costo (incluyendo el del «gasolinazo») de poseerlo, lo que fomenta la tenencia y uso del auto como un factor de distinción socioeconómico. Mi percepción.

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