Leía el pasado martes (abril 17), en el Publimetro1, el encabezado de una entrevista a un «ralista» mexicano (único en el WRC) que decía «Menos fútbol; bájenle.» Obviamente me llamó la atención. Estoy acostumbrado a ver encabezados relacionados con el fútbol soccer en gran mayoría (aunque acostumbre saltarme la sección deportiva), por lo que este resultaba extraño a la vista.
Explorando rápidamente el texto, leía que este deportista se pregunta el porqué en México hay tanta devoción por el fútbol, más cuando en este terreno los equipos tienen un menor desempeño y sus resultados son muy pobres cuando se les compara con los de otros países. Me llamó la atención leer que un deportista declarara no tener mayor interés por el fútbol.
Pasada la curiosidad, yo también me he preguntado lo mismo varias veces. Pareciera de hecho no tener sentido. Pareciera que entre peor es el desempeño, mayor es la afición al respecto. En diarios, radio y TV, después de la política lo siguiente es el fútbol. Y pareciera no haber otra cosa. Tanto para hombre y mujeres en general, y ya sea en una reunión, fiesta, escuela, comida, reunión de trabajo, encuentro en el autobús, Twitter, Facebook… no importa el lugar o medio, la cosa es hablar de fútbol. Hasta pareciera que parte de nuestro protocolo social debiera incluir saber de y conversar acerca de este tema.
Yo en lo personal no le encuentro mayor chiste. Ver por 90 minutos o más a 22 sujetos perseguir un balón, para sólo patearlo más lejos, se me hace inútil. Plantear apuestas, fijar desafíos, iniciar pleitos, y hacer bullying por una preferencia futbolística se me hace estúpido, más cuando los aficionados juran agresivamente que un equipo tal es mejor que otros sin considerar que tales afirmaciones no son leyes, principios o algo más sólidamente establecido sino sólo el resultado físico y anímico del grupo de sujetos que sale a perseguir el balón.
Todos sabemos del discurso de Carolina Aranda Cruz, de donde la frase «Pobre México nuestro tan cerca del futbol y tan lejos de la Ciencia» se ha hecho ya reconocida. Desafortunadamente no ha hecho eco lo suficiente como para impedir que el banal entretenimiento del balompié sea adecuadamente ponderado por la población, empresas y gobierno. Podemos ver como mercadotécnicamente y gubernamentalmente hay mucha promoción sobre la práctica del deporte, principalmente para favorecer los buenos hábitos de alimentación y la adecuada condición física pero también para la integración social y combatir los problemas de las adicciones y la delincuencia. Por supuesto, las imágenes o alusiones a la práctica del fútbol saltan en estas promociones.
Y mientras que lo anterior no es malo, si es desproporcionado y solitos estamos apretando más la soga que generaciones anteriores pusieron en nuestros cuellos. La promoción al deporte no es mala pero hacerlo desproporcionadamente y en lugar de actividades mayormente productivas traerá consecuencias funestas a largo plazo. Hoy mismo ya podemos empezar a a verlo. La tecnología ha acelerado su ritmo de crecimiento y en donde antes había oportunidad de hacer algo, hoy ese espacio ha quedado reducido a meramente comprar algo ya hecho. La industria del software es un muy buen ejemplo de ello; donde antes había desarrolladores, hoy sólo hay consultores e integradores que se limitan a meramente tomar lo que alguien ya hizo y tratar de hacerlo funcionar.
Referencias.
- E. Beas, E. Tapia, «Menos Futbol, Bájenle«, Publimetro, Página 16, Ciudad de México, D.F., México. Edición 2012.04.17, Disponible: http://issuu.com/publimetro_mexico/docs/20120417_mx_publimetro/16.

