No hace mucho twitteaba yo sobre los taxistas. Como ya es costumbre, sin respetar la luz, uno de ellos trató de amedrentarme con su vehículo para que le cediera el paso mientras cruzaba a pié una calle. Una práctica muy común ya en la Ciudad de México, que si bien no es privativa de los conductores de autotransportes públicos o de reparto, si es característica de éstos. Es más fácil encontrarse con una muestra de civilidad por parte de un conductor de auto particular pero aún así la intimidación de los conductores hacia otros conductores o peatones para obtener el paso, es parte de nuestro modus vivendi. No de en balde aquí solemos expresarnos con frases de “echar lámina” o “la lámina más fuerte gana” para referirnos a esta forma de abrirnos paso entre el tránsito capitalino, metiéndonos a la fuerza y que, al parecer, ya entre los mismos peatones comienza a manifestarse.
En el caso de los automovilistas, esta intimidación consiste en acercar lo más que se pueda el vehículo al peatón u otro vehículo para evitar que pase o hacer que se apresure, tenga éste o no derecho de paso. Algo que creo yo es muy peligroso, ya que en un descuido, titubeo o mal cálculo del conductor o del peatón hay un accidente seguro.
¿Quién no ha visto un automóvil esperando una oportunidad para pasarse una luz roja? Haya o no hayan más autos, bastará una interrupción lo suficientemente amplia en el flujo vial para que el conductor se anime a pasar, sea o no seguro hacerlo. ¿Quién no ha visto un automóvil tratando de incorporarse a una calle o avenida sin que el semáforo le indique es su turno, bajo el pretexto de que la vuelta es continua a la derecha? A veces ya ni esperan a que el flujo con preferencia aminore. ¿Quién no ha visto a un peatón tratando de cruzar una calle o avenida sin esperar tampoco su turno? Yo creo que todos pero lo vemos con tanta normalidad que lo ignoramos y tendemos a imitarlo.
A mis hijos les trato de enseñarles los elementos básicos de educación vial. A la mayor ya me cuesta trabajo explicarle por qué alguien se cruza la calle cuando hay una luz verde y vienen automóviles. Así que debo descalificar estas acciones y aguardar, aunque parezcamos extraños, solos en la esquina a que la luz cambie. Debe ser así, de lo contrario estaría enseñándole un curso de supervivencia urbana y no de educación vial.
Ya la mayoría de los peatones y conductores han pasado de la obediencia discrecional de los señalamientos de tránsito a ignorarlos completamente. Pero, ¿qué es lo que nos motiva a esta conducta? ¿Cuál es la prisa, urgencia o emergencia que nos hace tratar de mantenernos en movimiento arriesgando otras vidas o a provocar un accidente? Dada la inseguridad en ciertos puntos de la ciudad puede ser justificable para ciertas zonas o puntos. Pero, aún así, no podemos convertirlo en una regla. Desafortunadamente todos tenemos culpa en esto. Las autoridades por tolerarlo, permitirlo o fomentarlo; por usar el reglamento discrecionalmente y para su beneficio. Los conductores por desconocer el reglamento e ignorar los señalamientos. Los transeúntes por permitir que su derecho de paso sea arrollado y ceder su preferencia.
Muchas quejas pero no hay una solución fácil. Estamos viendo el resultado de varios años (quizás sea ya algo generacional) de desidia, tolerancia mal encauzada e ignorancia. Corregirlo no será fácil tomará mucho tiempo y habrá que hacer muchas cosas.
