A mediados de enero, vi en 𝕏 una comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos sobre algo encaminado o relacionado con la protección o las consideraciones médicas que debían tenerse para las mujeres, dada su biología. Un senador preguntó a la «experta», la Dra. Nisha Verma, si los hombres podrían embarazarse. Las divagaciones y excusas de una doctora fueron verdaderamente ridículas
Dos semanas después me topé con un artículo que me llevó a otro1 y llamó mi atención por su título: «Med Schools Are Now Denying Biological Sex«. En el primer tercio de este artículo puede entenderse la principal razón del porqué de este encabezado. Considerando lo costoso que puede ser verse involucrado en un litigio en los USA, y más aún si se obtiene un veredicto en su contra, es muy fácil ser demandado por homofobia, por alguna falta contra la libertad civil o por algún fanático «woke» que cree que puede lanzar una cruzada para tener sus cinco minutos de fama, y ello ha llevado a andarse con cuidado con lo que uno puede declarar ante una audiencia.
Uno podría pensar que, en algún foro o escuela del área académica de humanidades y ciencias sociales, esto sería más probable de encontrar. Seguramente, siguiendo esta línea de pensamiento, uno también se inclinaría a considerar que, si no es imposible, muy difícilmente sucedería en el área de las ciencias físico-matemáticas. Pero, definitivamente, sería muy improbable que uno llegase a considerar que esto pudiera ocurrir en las ciencias de la salud (y menos en una escuela de medicina).
Un sector académico en el que la definición del sexo y género se estableció bajo una visión científica, a partir de las características biológicas de los individuos, a fin de entender sus necesidades, particularidades, consideraciones y afecciones, lo que llevó a establecer un conocimiento médico sustentado en hechos y evidencia (y no en creencias o percepciones) debería ser un entorno de actividad científica en el que ciertas cosas no pudieran tener cabida. Esta es la base de la pregunta del senador Hawley y, cualquiera con sentido común, no puede llegar a entender cómo es que esta doctora le dio tantas vueltas a una pregunta que simplemente no pudo responder.
En ese mismo primer tercio del artículo en cuestión se relata el caso de un hombre transgénero que es diagnosticado equivocadamente en emergencias. El relato indica que él declaró su condición transgénero, pero sus registros médicos no lo reflejaban y, para el personal del hospital, era simplemente un hombre. Resultó que no solo estaba embarazado sino que también estaba en labor de parto, pero fue tarde para cuando se determinó esto último. El bebé murió y este «hombre», ante su asombro por estar embarazado (sic) también estaba destrozado.
Sí , ya sé, no faltará el activista LGBTTTIQ que usará esto para señalar esas «complejidades» a las que la Dra. Verma se refería al tratar de responder al inquisitivo senador Hawley y el que casos como este justifican la esquiva respuesta de la «experta». Pero no, no se confundan. No hablamos de más sexos ni de «complejidades» biológicas que el hombre puede crear. Aquí hablamos de cómo algo natural puede verse torcido por el capricho humano de alterarlo todo.
Nuestras tecnologías y ciencias aún no pueden transformar a un hombre en mujer ni viceversa. Quirúrgicamente y químicamente se pueden remover o ajustar los principales rasgos fenotípicos (creo que este sería el término correcto) para brindar una apariencia (estética) de otro sexo (diferente al de nacimiento). Quizás, hasta cierto grado, también llevar a cabo un ajuste del genotipo (que también, creo, es el término adecuado), pero con ayuda externa. El individuo transgénero estará obligado (o condenado) a proveer componentes que su cuerpo no puede producir (por inyecciones o ingesta). Será hombre o mujer hasta el final de su existencia sin importar cómo luzca, cómo se perciba o cómo se comporte. Punto.
Considerando lo anterior como lo más profundo de este trastorno (como lo declaró uno de los más distinguidos profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins), hacia arriba tenemos a los hombres y mujeres que adoptan papeles activos como mujeres y hombres sin llegar a la cirugía; luego vienen a quienes se les llama «amanerados» o «marimachas» y que parcialmente adoptan ciertas actitudes o comportamientos pero sin perder ese comportamiento social asociado a su género (los hombres se visten como hombre sy las mujeres como mujeres) y pareciera que no pretenden perder su identidad (yo digo que están en un limbo sexual). Finalmente, en la punta de esta pirámide tenemos a los homosexuales y lesbianas que simplemente se sienten atraídos por los de su mismo género, pero no exhiben un comportamiento diferente al rol asociado a su sexo biológico.
Por supuesto, en la jungla LGBTTTIQ habrá más casos y especies, pero todos ellos, al final, están atrapados en un cascarón que la naturaleza armó para funcionar como hombre o como mujer; que el habitante de este cascarón deseé otra cosa, busque ser otra cosa, y se manifeste de forma diferente a su biología, no cambia el cascarón. El hombre será hombre y la mujer será mujer.
Ante todos los reclamos de estas almas perdidas, que poco a poco fueron ganando derechos y libertades a la par que el ser humano y las sociedades maduraban, la tolerancia de un pensamiento rígido binario fue asentándose para dar cabida a individuos productivos cuya orientación sexual no debería ser impedimento para su participación social, pese a lo escandalosa que pudiera ser su conducta para las generaciones precedentes.
Los niños que han crecido dentro de estas corrientes tolerantes llegaron ya a ser parte productiva y activa de la sociedad y muchos de ellos han venido impulsando una mayor tolerancia, implicando que les sean concedidas muchas prerrogativas a niños y adolescentes que no tienen la experiencia de vida ni conocimientos suficientes para sopesar opciones y consecuencias de lo que esa libertad implica ni sobre las ideas a las que son expuestos. Ya algunos gobiernos, ante casos que materializaron esos riesgos, han recapacitado y han comenzado a revertir decisiones.
El hombre será hombre y la mujer será mujer hasta el final de sus días. Si un hombre se embaraza, es porque es mujer y simplemente se disfrazó de hombre. Punto.
Referencias
- Katie Herzog, «Med Schools Are Now Denying Biological Sex», The Free Press, web. Published: 2021.07.27; visited: 2026.02.06. URL: https://www.thefp.com/p/med-schools-are-now-denying-biological

