
No hace mucho leía de un término que se listaba entre las bondades de una aplicación para tomar notas. El término era «timeproof» y fue la primera vez que lo vi en este contexto, aunque la idea no me era extraña.
Intuitivamente entendí que se refería a algo «duradero», quizás no inmortal, pero definitivamente algo cuya expectativa de vida superaba aquella que intuimos con el ciclo de vida del software comercial o de nuestro cambiante estilo de vida actual. Pero, más que el significado crudo, entendí que se refería a algo aún mayor.
La gente suele decir del software propietario, sobre su distribuidor o el creador de éste, que «quieren que te cases con ellos«, «quieren que te vuelvas dependiente«. Es una forma de verlo y, si bien puede ser cierto, no es algo exclusivo de las industrias informáticas o de computación. Ocurre lo mismo con la ropa, la comida, los autos, juguetes, herramientas, etcétera. Para todo en realidad, sólo que la diversidad, influencia en nuestras vidas, su ubicuidad o lo mundano del producto o servicio hace que esa dependencia se diluya de nuestra atención.
Si observamos adecuadamente, veremos que la compra de un producto o servicio lleva casi implícito la posterior adquisición de accesorios, consumibles, repuestos y la posible sucesión por nuevas versiones, así como productos o servicios adicionales. Es el modelo estándar de negocio: la garantía de un flujo constante de efectivo que se obtiene al capturar un mercado. Lo único que no es así son aquellos bienes únicos, como joyas u obras de arte, que son muy caras.

Así que, a veces ese mercado cautivo se obtiene por una cuestión geográfica pero las limitaciones (o capacidades) de ese mercado quedan o son rápidamente expuestas y alcanzadas. Y, claro, hay algunos otros factores a tener en consideración.
