De cultura e infraestructura vial (37)

 Escribía la semana pasada de los problemas que el crecimiento urbano traía cuando no se tomaba en cuenta lo que el desarrollo implica, como la demanda sobre servicios y con ejemplos tan claros y palpables como lo debe ser el espacio de estacionamiento. Además de lo anterior, a par debe haber un ordenamiento legal que permita marcar límites. Los habitantes de la Ciudad de México estamos tan acostumbrados a hacer lo que consideramos nos conviene sin pensar en si afectamos a otros y si está o no permitido. Ya he escrito al respecto de esto con los conductores de autos. La autoridad lleva a cabo acciones sin aparentemente tomar en consideración que éstas implicarán tiempos y gastos innecesarios (combustible, esfuerzo) para otros, que no resultan ser los mínimos, complicando más el asunto.

Sin embargo, esto de «hacer lo que nos viene en gana» no se limita a conductores y peatones. Lo ciclistas incurren en ello también. No hace mucho se publicó una noticia en el Excelsior1 donde se exponía algo ocurrido en el WTC (y recuérdese que el WTC, de donde termina la banqueta hacia adentro de la propiedad es espacio privado, no es un espacio público como muchos pueden pensar por la naturaleza del comercio que se da en la zona). Ocurrió que un ciclista dejó su vehículo donde quiso, a pesar de que hubiera espacios designados para ello (tal vez porque no había espacio, tal vez por cercanía). A pesar de que hay señalamiento de no obstruir el espacio peatonal, el ciclista lo hizo y lo inmovilizaron con una araña.

La reacción de activistas y ciclistas fue la de «soy ecológico, esto es un exceso». Un comportamiento prepotente alimentado por la mala interpretación de la promoción a este medio de transporte. Promoción no significa poder ignorar cualquier reglamento y pensar que por «ser ecológico» puede hacerse lo que a uno le venga en gana. Un reglamento se establece para poder dar iguales oportunidades de uso de un espacio o servicio, público o no (la única diferencia es que en uno una autoridad establece bajo un consenso popular las reglas y en otro una entidad privada dice «¿quieres usarlo? Estas son las reglas, si quieres…»). El reglamento nos dice que podemos hacer sin riesgo para uno y terceros, para no provocar un accidente o morir tontamente. En la página de la referencia citada se detalla la muerte de un ciclista, que ya hemos señalado en otras entradas se ha incrementado. Seguro en parte por la promoción de la bicicleta y el «ensalsamiento» de sus usuario de que cuentan con preferencia, ignorando las leyes de la física en el proceso.

 

Referencias

  1.  Gerardo Jiménez y Francisco Pazos, «Acto legal: SSPDF; exceso: activistasExcelsior, sección Comunidad, página 5; Ciudad de México, D.F.; 2015.06.12. URL: http://www.excelsior.com.mx/periodico/flip-comunidad/12-06-2015/portada.pdf.

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