Hace unas dos semanas, nos enterábamos de una nota curiosa en el diario1. Según ésta, un conductor fue remitido al «Torito» por conducir en estado de ebriedad y ser denunciado por su mascota en el punto de revisión (léase «retén»). Según la nota, el condutor era interrogado por los oficiales del alcoholímetro cuando oyeron una voz que decía «¡Está borracho! ¡Está borracho!» tras lo cual procedieron a practicarle la prueba de alcoholemia resultándo ésta positiva, lo que llevó a «entambar» al conductor (quién por cierto argumentó que para cuidar a su mascota solicitaba que ésta se quedara con él, por lo que infractor y soplón pasaron la noche en prisión, aunque….bueno… el perico ya llevaba una vida «tras las rejas» de su jaula).
Así como la nota pinta la situación (a reservas de que haya ocurrido de otra manera y simplemente quien la redactó arregló un poco el asunto para que sonará a lo que ésta implica), pareciera que los oficiales no habían determinado proceder con la prueba de alcoholemia hasta haber escuchado al perico. Si así fue y así quedó asentado en el reporte de los oficiales, hay un punto legal interesante en el asunto.
Supongamos que así fue, yo creo que un buen abogado podría dar marcha atrás a todo el asunto. ¿Por qué? Porque, hasta donde sé y entiendo, un comportamiento animal no puede ser tomado como prueba fehaciente de un crimen, por lo que si efectivamente las palabras del loro motivaron a que se le practicara la prueba al conductor, ésta fue hecha (o iniciada) con una base ilegal por lo que no debió proceder y así los resultados por más incriminatorios deben ser desechados.
Referencias
- Francisco Pazos, «Perico, su delator en alcoholímetro«, Excelsior, sección Comunidad, pág. 1, México, D.F., 2014.01.12. URL: http://www.excelsior.com.mx/periodico/flip-comunidad/12-01-2014/portada.pdf.


