Ni a Miriam ni a mi nos gustan las «palabrotas», simplemente no nos educaron a decirlas y, aunque en un momento de frustración o enojo podemos emitir alguna maldición, no es nuestra costumbre decirlas u oírlas. Somos partícipes de que las «malas palabras» (que al final son sólo eso, palabras) han sido designadas o han quedado establecidas para momentos en los que se requiere de una conducta excepcionalmente agresiva. Para nosotros el uso continuo de «palabrotas» sólo denota una condición de vulgaridad.
Hace mucho tiempo leía una nota publicada en el Excélsior sobre las declaraciones de Steven Tyler al respecto de la expresión de blasfemias y la exhibición de desnudez explícita en la TV1. Opinión que comparto. También me ha tocado escuchar y hacer reclamos por un buen uso del lenguaje ante la pérdida de cierto recato en los locutores de radio y televisión al tener que recurrir a improperios por una falta de educación y cultura (en otra palabras, falta de vocabulario y respeto para con su audiencia).
Sin el ánimo de ser purista ni atentar en contra de la libertad de expresión, coincido con lo expresado en todas estas opiniones. Considero que en México, un cierto nivel de recato y decencia se ha perdido y se ha recurrido a la vulgaridad como substituto de la creatividad. Para mi esto no denota más que una falta de cultura y apreciación por lo correcto, por el saber pensar, saber leer y saber escuchar.
Al respecto de la desnudez, no es tanto por lo que pudiera ser bueno o malo. Creo que en lo que respecta a la cuestión de nuestros cuerpos y la sexualidad, la sociedad mexicana (influenciada por la americana definitivamente) ha madurado mucho. Podemos ver, por ejemplo, las transmisiones de series y películas sin censura (bueno, casi, ya que sí me ha tocado ver uno que otro corte o edición de ciertas escenas muy escabrosas, pero que creo es obligado) en la señal abierta de TV Once. Obviamente hay una advertencia previa sobre el contenido de la transmisión, y ocurre ya en un horario nocturno de hecho. Yo en lo personal no tengo problema con este tipo de contenido, como dicen los actores, si es de buen gusto y requerido por la escena, un desnudo no está mal. Pero, es definitivamente contrastante a la vulgaridad y albures a los que se recurre en las transmisiones de horario familiar que realizan Televisa y TV Azteca, que me parece es de pésimo gusto.
A mí, lo que verdaderamente me molesta es la vulgaridad a la que se recurre, principalmente por los comediantes. Una que otra palabra altisonante en un chiste no está mal, es parte de la picardía de la cultura popular, eso es lo que le pone el sabor, sorpresa e irreverencia al chiste pero de ahí a que se diga una retahíla y sarta de groserías y peladeces me parece algo insultante porque se considera que el público no es lo suficientemente inteligente para entender humor elaborado y sí lo suficientemente vulgar como para entender un lenguaje de arrabal. Al final, denota el concepto que el actor o locutor tiene de su público, al considerarlo de un vocabulario e inteligencia limitados. Como dice Steven Tyler, ¿qué paso con el ingenio para crear juegos de palabras y situaciones para dar vida a una chiste? ¿Qué pasó con la capacidad creativa para proyectar la sensualidad de la seducción y sexualidad humana?
Hace ya algo de tiempo, Miriam y yo tuvimos una invitación para asistir al Mascabrothers (hasta desde el nombre del establecimiento se nota lo vulgar, ¿no?). Siendo un centro nocturno uno espera un cierto grado de relajación de las buenas costumbres, la formalidad y las restricciones a la picardía contemporánea, tampoco esperaba encontrar algo muy fino, pero definitivamente me sorprendió la vulgaridad a la que se recurre con tal de hacer reír a la gente. Más aún, a cierto tipo de gente , ya que a estos lugares asisten gentes con un cierto nivel adquisitivo que uno asocia a un cierto nivel cultural muy superior al de la gente de calle.
Definitivamente se trata de algo cultural, la gente de estratos sociales más altos suele regodearse en su status por las cosas materiales, ya no por las cosas culturales cuando son quienes tienen más posibilidades de adquirirla, paradójicamente. Hoy en día podemos encontrar la misma forma de hablar y comportarse en una persona de la clase más baja, como en aquellos de niveles socioeconómicos más favorecidos (entornos «más refinados» como sus integrantes suelen considerarse).
Así, la única diferencia es la apariencia, por debajo todos son iguales. Recuerdo que cuando ingresé a Banamex (1997), en el área de inversiones (llamada también «Patrimonial»), lo que se presumía era el nivel de clientela que se supone tiene acceso a este segmento de servicios bancarios. Quienes trabajan en esta área están acostumbrados a tratar con gente de mucho dinero y uno esperaría así encontrar gente más sobria en estos puestos. Sin embargo, fuera de los trajes y corbatas de seda, no hay mayor diferencia en el comportamiento y expresiones a lo que uno encontraría y escucharía en las zonas de mayor marginación.
Los usos y costumbres cambian, no puedo negarlo ni puedo esperar a que se mantengan sin cambio, pero una cosa es el cambio de éstas y otra el de su pérdida.
Referencias
- «Steven Tyler y las palabrotas en TV«, Excelsior, sección Función, pág. 8, México, D.F., 2012.01.11. URL: http://excelsior.com.mx/Impreso/Periodico/flip-funcion/11-01-2012/portada.pdf.



