Pues yo digo que no, el GDF no debería autorizarles el incremento de la tarifa a los microbuses hasta que realmente sea vea un cambio de actitud de estas personas. Vengo regresando a casa, cansado del estrés de tener que lidiar con esta gente que se abre paso aventándote su unidad.
Circulo frecuentemente por las calles y avenidas de Barranca del Muerto, Patriotismo y Revolución. Varias rutas de microbuses circulan por esos rumbos. Una de ellas es la ruta 57. Si el GDF hiciera una consulta en estos momentos sobre a quienes se les debe autorizar el aumento de tarifa de inmediato recomendaría que de dicha consulta se excluya a la ruta 57. Estos conductores son muy agresivos en su forma de manejo y su persona. Definitivamente a ellos no debería autorizárseles nu aumento en su tarifa hasta que hubiera evidencia fehaciente que han entendido que deben convivir con los demás conductores, respetar el reglamento de tránsito y entender que brindan un servicio público, que en ningún momento se les ha dado la concesión de este servicio por parte del gobierno capitalino para ejercer una especie de terrorismo vehicular para marcar su poder en las calles.
Por otra parte, al respecto de estos problemas, mientras escribía este post consideraba que el enfoque actual con el que vemos el establecimiento de las tarifas parece equivocado. Ciertamente, en un inicio el establecimiento de la tarifa no es más que la suma de salarios, servicio y mantenimiento dividido entre los potenciales usuarios del servicio, así de simple. Pero, una vez que el servicio se encuentra establecido, las posteriores revisiones de ésta ya no deberían hacerse así. Ciertamente hay un costo de operación que no puede ignorarse y que debe cubrirse para mantener un negocio redituable y por ende un buen servicio pero también hay elementos de calidad que deben ponderarse y así redituarse. Para esto último bien podría considerando que la tarifa del servicio de transporte público concesionado tuviera un enfoque de estímulo para los concesionarios ya establecidos del servicio. Uno entiende que además de ganarse su sustento, deben cumplir con gastos relacionados a trámites y mantenimiento de sus unidades pero en lugar de tener que ir a pedir al GDF que les permita aumentar sus tarifas, ¿por que no hacer que el GDF se viera obligado a aumentar sus tarifas (aunque igualmente aceptar un descuento en ella si no cumplen son sus responsabilidades? ¿Cómo podría ser esto? Yo no lo veo imposible pero si requeriría de un trabajo por parte de todos los involucrados (concesionarios, autoridades y ciudadanía). Por ejemplo:
- Obligar a que todo el sistema de transporte público funcione con tarjetas y deje de manejar efectivo, así un aumento o disminución de tarifa sería más fácil de implementar.
- Además de los esquemas de sanciones que el GDF ha implementado para meter en cintura a los concesionarios del transporte público, incluir un esquema de «me gusta» y «no me gusta» tipo Facebook asociado al uso de la tarjeta de pago (por cada viaje, una posibilidad de voto) en la que estadísticamente se determine si la ruta, y hasta un conductor en particular, no está dando un buen servicio. Similarmente debería de existir un esquema de recompensas paralelo, en el que se premie con una tarifa más alta al conductor y ruta más responsables (o en su defecto algún tipo de estímulo por parte del GDF).
- Adicionalmente, debería haber un sondeo regular ente los usuarios del servicio como control de lo ya indicado, y que permita otorgar incrementos regulados a la tarifa que no estén bajo un control discresional de algún funcionario. Obviamente, deberán existir topes máximos y mínimos de hasta cuánto puede sancionársele a una línea y unidad, así coo hasta cuánto puede permitírsele cobrar. El asunto es que los concesionarios del servicio deben saber que están a expensas de dar un buen servicio a sus clientes y no que tienen un mercado cautivo.
- Calificar objetiva y responsablemente el servicio recibido. Habría que considerar un esquema de sanciones para usuarios que actúen con dolo.
Manejar en la Ciudad de México puede requerir cierta agresividad. Los conductores particulares, (y yo me incluyo) debemos trabajar para hacer más segura y agradable nuestra vida al volante no para jodernos mutuamente. Creo que esto nadie lo discutirá. Sin embargo, los conductores de transporte público deberían ser un modelo y ejemplo a seguir, empezando porque ellos tienen la responsabilidad de cuidar a sus pasajeros. Si esto ocurriera, si los conductores de los servicios públicos nos pusieran el ejemplo de la cortesía y decencia del buen manejo, creo que sería mucho más sencillo que otros conductores fueran partícipes de la conducción de su vehículo de una manera más responsable.

