Sobre la predicción de sismos y los cambios que vendrían

El año pasado tuvimos varios zangoloteos telúricos. Para quienes hemos pasado en el D.F. gran parte o la totalidad de nuestra vida, viviendo los sismos de magnitud 6 (y superiores) en la escala de Richter, especialmente desde el terremoto de 1985, estos eventos nos ponen muy nerviosos.

Solis, Excelsior, 2012.04.15, sección Comunidad, página 4, México, D.F.

Recientemente leía un desplegado del área encargada de la seguridad y protección civil en la UPIICSA sobre la predicción de sismos y relacionado con rumores y comentarios ante la expectativa de un sismo de considerable magnitud que se espera ocurra pronto cuyo epicentro se estaría en una zona que no ha experimentado liberaciones de energía importantes en los últimos 100 años, por lo que estadísticamente ya va siendo hora de un sismo proveniente de la brecha sísmica de Guerrero, que está entre Acapulco y Petatlán (cerca de Ixtapa-Zihuatanejo). Una región en la que se espera pueda ocurrir un evento de gran magnitud, que podría alcanzar hasta 7.7 grados, pues desde hace 100 años no ha ocurrido un sismo importante ahí.

Mientras caminaba por los pasillos de la escuela pensaba en todo esto y en lo bueno que podría ser poder saber cuando ocurriría un sismo importante. Lo que me llevó a considerar cómo serían nuestra vidas al tener este conocimiento. Algunas cosas curiosas e importantes vinieron a mi mente.

Primero, nuestra conducta. ¿Cómo pasaríamos esos momentos? ¿Saldríamos todos 5, 10 minutos antes del evento a movernos todos juntos en nuestro puntos de reunión sobre camellones, parques y calles? Sería curioso ver como se paralizaría la ciudad unos minutos antes y durante el sismo.

Veríamos a los brigadistas designados en cada empresa, escuela y comercio haciendo su labor de evacuación y guía como en cualquier simulacro. Quizás y ya no habría simulacros, se emplearía el evento mismo como parte del simulacro. Los policias deteniendo el tránsito y respondiendo a todos los quejosos de la parálisis: «es que anunciaron un sismo hoy», «es que el sismo ya va a ocurrir, señor». Todo esto suponiendo que el sismo a ocurrir fuera de una magnitud considerable, quizás mayor a 6 en la escala de Richter, mientras que con sismos menores (aunque aún perceptibles) simplemente se conminaría al personal replegarse en las área de seguridad designadas, alejándose de ventanas, escaleras, ascensores y de cualquier lugar donde algo pudiera caerse.

Por supuesto no faltarían los valientes que se quedarían a esperar el sismo indicando que nada pasaría por ser pequeño o de determinada magnitud y el lugar ya había aguantado mayores, así como exhibicionistas que subirían a postes o árboles para  liberar algo de adrenalina o llamar la atención. Quizás y hasta una industria de entretenimiento saldría de todo esto.

¿Como serían las acciones a seguir si el sismo fuera de una magnitud considerable (mayor a 7 por ejemplo), o de una de serias consecuencias (digamos 8) o nunca antes vivida (por decir 9)? Quizás todos los edificios serían obligatoriamente desalojados, o quizás darían ese día libre. Lo más seguro. Posiblemente también, si se anunciara con mucha antelación un sismo de magnitud devastadora o apocalíptica, habría las consabidas fiestas la noche anterior de destrampe y depravación para despedirse de un mundo que acaba.

Pero también hay algo más que cambiaría además de nuestra cultura de protección y conducta social. Es de esperarse que las zonas urbanas pudieran estar identificadas por el riesgo sísmico que su subsuelo represente, donde habría mayores posibilidades de daños y donde no se sentiría. Lugares donde se permitirían construcciones elevadas y otros donde no, lugares con mayor costo y plusvalía y otros muy golpeados en su valor catastral.

Seguramente entonces, las aseguradoras (que son bien canijas y no dan paso sin huarache) empezarían a dar tarifas por determinada zona, se negarían a asegurar (o cobrarían una millonada por hacerlo) en lugares riesgosos y quizás las tarifas de los seguros se moverían como la bolsa de valores, subiendo conforme se acerca el día del sismo y bajando cuando éste pasa hasta la siguiente predicción. Quizás cierto tiempo antes del evento (30 días que es el tiempo que uno tiene para pagar el seguro una vez solicitado) se negarían a otorgar nuevos contratos.

Inclusive el crimen. Seguro nuevas formas de buscar defraudar a las aseguradoras aparecerían.

En fin muchas cosas cambiarían.

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