Del robo y mal uso de datos personales (1)

Para efectos prácticos, la verdad, la verdad, la verdad, yo creo que sirve para dos cosas: para nada y para algo menos que eso. Me refiero a la llamada «LEY FEDERAL DE PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES EN POSESIÓN DE LOS PARTICULARES» que se publicó en el  Diario Oficial de la Federación hace ya más de dos años1 pero que ha últimas fechas a tomado relevancia por la campaña mediática que se ha lanzado para recalcar la publicación del llamado «Aviso de Privacidad» por parte de todo aquel que maneje datos personales de sus cliente, usuarios o consumidores.

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Ya hace tiempo, a un año de su promulgación, Excelsior publicaba una nota sobre la falta de preparación (y voluntad añadiría yo) para la adopción y aplicación de la mencionada ley por parte de las empresas2. En dicha nota se indica además la falta de automatización para este rubro. Si a esto aunamos la falta de precisión y ambigüedad en muchos de los puntos tratados por la mencionada ley veremos que el problema es realidad mucho más complicado de lo que la mencionada nota sugiere.

Para empezar, como todo en lo que a leyes se refiere, sólo los abogados se ponen a leer enteramente la ley que necesitan, llegado el momento de usarla y cada uno ofrecerá su interpretación del asunto (que si compagina con la visión del juez, ya la lleva de gane sin importar  lo que los legisladores pensaron o intentaron decir en su momento). En lo que respecta a quienes protege, es muy difícil que los clientes se pongan a leer la mencionada ley antes o al momento de solicitar un producto o servicio para el que debemos proporcionar información personal. Lo que todo cliente buscará en ese momento es adquirir lo que necesita y punto. Si hay una ley que protege el uso de su información personal, creo que será algo que no pase por su mente en esos momentos, menos si el proveedor la cumple o no. Para el cliente es algo que quizás sepa existe y considerará que su proveedor se apegará a ella. El cliente y el proveedor actuarán (idealmente) siempre de buena fe, que es la base de todo  sistema comercial. Ya cuando hay una diferencia en el actuar o malicia deliberada, cada uno se volteará a revisar las leyes que le atañen para ver como poder actuar de manera legal para revertir el daño.

PassiveAggressive

Así, como indicaba anteriormente, concuerdo con que el meollo del asunto aquí es la automatización. La cantidad de datos, información y conocimiento a la que estamos expuestos y de los que necesitamos echar mano durante el día son demasiados por lo que terminamos aplicando o usando una fracción de estos en muchos momentos. Automatizar la declaración, compaginación, manejo y todo aquello relativo con la seguridad, privacidad y pertenencia de nuestra información personal (de nuestra identidad) no sólo sería de mucha utilidad sino que es la única forma de garantizar la adecuada aplicación de las cuestiones legales y su compaginación con nuestras preferencias y necesidades de protección de todo aquello que así consideremos puede ser público, compartido, reservado y protegido.

Ahora bien, ¿y cómo puede o debe ser automatizada la protección de la identidad, datos e información de cada uno de nosotros? Sin adentrarnos en las complejidades del tema, podremos ver que con sólo mirar las leyes, disposiciones, recomendaciones y buenos propósitos al respecto el asunto no nos nada sencillo. Automatizar algo que aún depende de la interpretación de las personas es de lo más complicado que puede haber, sin embrago no es imposible. Hay muchos trabajos y propuestas a este respecto pero este post ha crecido demasiado y debo dejar esto último para posteriores entregas.

Referencias.

  1. «Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares«, Diario Oficial de la Federación, 2010.07.15. URL: http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5150631&fecha=05/07/2010.
  2. «No se vigila la información«, Excelsior, sección Dinero, pág. 14, México, D.F., 2011.07.15. URL: http://excelsior.com.mx/periodico/flip-dinero/15-07-2011/portada.pdf.

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