He tenido ganas de leer la trilogía de novelas «Millenium» de Stieg Larsson desde hace ya algo de tiempo. Supe de ellas desde mucho antes de que fueran llevadas al cine. Antes de que supiera de una traducción del sueco, al menos al inglés. La versión en español llegó antes de las películas pero, por alguna u otra razón, no he podido leerlas.
Ayer por la noche, en un break de la revisión de trabajos de mis alumnos, me puse a ver la adaptación «hollywoodense» de la que es la primer novela de la trilogía. Muy buena. Me mantuvo entretenido de inicio a fin.
Al terminar de verla no podía dejar de pensar en algo que supe ocurrió cuando estuvo siendo exhibida en las salas cinematográficas y que se comentó en varios medios a raíz de darse a sabe por una nota publicada en El Universal1 .
Definitivamente no es una cinta para menores, por ya no decir niños. Suponiendo que fuera un evento aislado en la vida de las menores que cita la nota, no creo que esto fuera algo significativo en sus vidas pero el hecho de que los padres de estas niñas hayan decido permanecer toda la cinta (y no por las reclamaciones de los otros asistentes sino por no importarles el tipo de imágenes que la cinta proyectaba) creo que habla de otras afectaciones que bien pudieran ya haber sido hechas.
No sería extraño, en algunos años, llegar a saber que a los padres de estas niñas les llegó a pasar algo como lo que el carácter coprotagonista de la historia le comenta al otro que hizo y por lo que fue declarada mentalmente incompetente por el estado.
Referencias.
- Homero Bazán, «Por vender unos boletos más», El Universal, 2012.02.01. Disponible: http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2012/02/56891.php
