
Escribí recientemente sobre lo extraño que resulta el mundo del iPhone. Hay varias cosas raras en él. Como ya he mencionado, me inicié como un usuario de PDAs a partir de la Palm III y llegué hasta la Tungsten C, cuando me vi forzado por varias razones a dejar de usarla (aunque esencialmente todo se reduce a que mi paranoico empleador me deshabilitó el puerto USB y ya no pude sincronizarla con mi Outlook). Al final, el mundo de las PDA y los celulares convergieron y nuevamente me veo inmerso en este mundo (mientras mi empleador no me ponga trabas nuevamente).
Como señalaba, considero que un elemento clave del éxito de las primeras PDA fue su capacidad de sincronización con un computador. Un factor que no fue el único, el dispositivo en sí (tamaño, duración de pila, interfaz y facilidad de uso) y el software que le daba vida (aplicaciones propias del PDA y de escritorio para el computador con el que se sincronizaba) serían el resto. No creo que haya más.
El mundo de hoy en día se encuentra invadido de celulares y PDA. Mientras escribo esto pienso que, a decir verdad, ya no he visto PDA como antes. Supongo que una búsqueda en Google por el estado actual de la producción de PDA me devolverá algunos resultados apuntando a quienes fueron los principales desarrolladores de estos dispositivos (como Palm y HP). Sin embargo creo que esto no importa mucho. Lo que abundan son los celulares y cada día más de estos proveen la funcionalidad de un PDA a un costo menor. Los PDA están condenados a desaparecer, a ser desplazados por los smartphones.
Pero bueno, retomando el tema del iPhone, siendo un dispositivo que aparece tras más de 10 años de aprendizaje por parte de los fabricantes de hardware y desarrolladores de software, uno esperaría ya no encontrar carencias que entonces se vivieron (o pero aun, que nunca uno sufrió) en los inicios de la era de las handhelds. Con base en los factores antes mencionados, esta espectativa queda cubierta en menos de dos terceras partes. El dispositivo, efectivamente, reune toda la experiencia acumulada sobre ergonomía y, además de eliminar el teclado físico, provee una interfaz limpia e intuitiva. Las aplicaciones, al menos del lado del iPhone, son de lo mejor y podemos decir que las provistas por Apple y terceros (con ciertas carencias en algunas de ellas) para las Macs, como las que ya existen para Windows (como el Outlook) y Linux también son buenas. Lo único en que se ha fallado en proporcionarle al iPhone es una capacidad de sincronización simple y robusta.
Mi experiencia en el concepto de sincronización data desde que se tenía que hacer por puerto serie (RS-232) y me tocó vivirlo en USB. Uno de los aciertos que considero fue parte del exito de las Palm es que además de proporcionar un PIM (el Palm Desktop) bueno y funcional, se contaba con la posibilidad de sincronizar selectivamente o en su totalidad los datos de éste con el PDA. Adicionalemente, mediante software de terceros (ej. Chapuracon su PocketMirror), era posible complementar la funcionalidad del software provisto por Palm o decidir sincronizar con otras aplicaciones, como el MS Outlook y aplicaciones de la Palm que contaban con un cliente para la PC (como el ThoughManager de Hands High Software).
Un punto importante de resaltar es lo que se vivía del lado de las Mac durante la época en la que los PDA reinaban con las PC. Aunque Palm tuvo la visión de proporcionar una versión de su Palm Desktop para las Mac, desafortunadamente este siempre tuvo algunas limitantes en comparación a la versión para Windows. Cualquier usuario podría haber vivido y superado estas limitaciones pero resultaban frustantes los problemas de sincronización y falta de soporte, tanto por parte de Palm como de la misma Apple. Simplemente uno no podía tener la seguridad de poder llevar a cabo una sincronización sin que se duplicaran, eliminaran o alterarán registros, especialemente para quienes debían sincronizar con más de un equipo (el esquema PC-Windows en el trabajo y Mac en la casa era el más común).
Cuando apareció el Mac OS X, la cosa se agravó. Hubo que esperar a que el Palm Desktop y sus conductos de sincronización fueran migrados al nuevo sistema operativo pero la espera fue en vano, los viejos problemas vividos en las versiones de Mac OS continuaban. Después Apple anunció su iSync, prometiendo soportar no sólo PDA sino celulares y cámaras fotográficas también y aliviar las carencias de sincronización. En algunos casos así fue, en otros se perdió lo ganado. Mi experiencia fue igual a lo ya descrito. Tiempo después llegó el iPhone. ¡Por fin un dispositivo portátil de la casa! Seguramente el día de decir adiós a todos los problemas y limitantes de sincronización estaban por llegar a su fín. Ciertamente los problemas de sincronización desaparecieron pero las limitaciones continuaron.
