Miriam lleva 10 minutos tratando de matar un mosquito. Le ha quitado la pantalla a una de las lámparas de mesa y ahora recorre la sala y comedor agitando un trapo.
Yo ya he visto pasar varias veces al mosquito en questión. Raudo y veloz ha pasado frente al televisor y a la lámpara sin pantalla. El mosquito sabe que corre peligro; no vuela despacio, vuela tan rápido como puede para evitar ser localizado, seguido y muerto. Le aviso a Miriam, ella viene pero no ve nada y esto provoca que reciba un par de miradas, de esas de las que implican un «¿de qué lado estás?». El mosquito no lo hace fácil, parece saber en qué momento ha sido detectado o nota la presencia de Miriam en el espacio en el que se creía a salvo y de inmediato se pierde u oculta de alguna forma, quizás moviéndose al espacio que Miriam ocupaba instantes antes
Mientras escribo esto he pensado en unirme a la cacería en un par de ocasiones, aunque no me ha sido solicitada mi ayuda. De cualquier forma hay demasido alboroto en mi alrededor para concentrarme en lo que deseo hacer. Sin embargo pienso: «He visto al mosquito porque estoy aquí; sentado, fijo, esperando a que pase. ¿Y si me muevo y uno a la búsqueda? ¿Lo encontraría igual de fácil?»
Todos hemos vivido estos momentos. Buscando algo no lo encontramos hasta que dejamos de hacerlo. Son en estos momentos que viene a mi cabeza el Principio de Incertidumbre de Hisenberg,
sobre la imposibilidad de conocer la ubicación o la velocidad de una partícula al mismo tiempo.
Conocer una de ellas implica interactuar con la partícula y así alterar el otro valor. Si me paro y uno a la búsqueda, el mosquito tendría menos espacios en lo que se podría relajarse y ocultarse. Frenético se movería entre los espacios en que sus dos cazadores lo estarían buscando hasta que finalmente sería visto y acorralado.
¿Cuántas situaciones no hay así? Como observadores somos capaces de percibir y capturar elementos de un momento pero si nos volvemos parte del evento, tarde o temprano, llegamos a notar que las reglas (o lo que creíamos una regla) han cambiado. Como inversionista mis acciones en la bolsa de valores harán que otros inversionistas tomen ciertas decisiones; decisiones que quizás no hubieran tomado si yo no hubiera participado. Claro, si estas acciones son lo suficientemente notorias. Como pasajero, hago que un vehículo se detenga si decido abordarlo. ¿Esto evitaría que más adelante tuviera un accidente? O, como observador, si lo dejo pasar ¿lo acercaría más a un fatídico momento del que pudo ser demorado? No lo sé, como con el Gato de Shröndinger, sólo podemos conocer una de las posibles alternativas que podría haber en nuestro universo… ¿o estaremos conociendo el universo que creamos de un multiverso?

Como sea, ahí viene el mosquito. Crearemos el universo en el que él está muerto, Miriam dormida y yo tranquilo concentrado en mis cosas.
