Sobre El Redondeo y Los Donativos

Alguna vez recibí un correo electrónico acerca de la famosa campaña del Redondeo (aquella de la Fundación Televisa en la que participan varias cadenas de ventas al menudeo) en la que se cierra el valor de una compra eliminando los centavos al siguiente peso, donándolos a un fondo destinado a la adqusición de equipo de cómputo para escuelas. Dicho correo narraba la experiencia de alguien que había tratado de obtener un recibo sobre su donativo sin éxito.

Recientemente me llegué a percatar de algunas situaciones que ocurren cuando se pregunta a los clientes si desean «redondear» su cuenta. Situaciones que me hicieron recordar el correo electrónico que cito al inicio de esta entrada en el blog.

Hay muchas personas que reaccionan con cierto enojo o molestia ante la pregunta. Pareciera que muchas de ellas ven esto como una imposición, como algo a lo que simplemente no pueden decir que no (quizás por el «que dirán» de los que esperan en la fila), o simplemente porque el hecho de tener que decidir es en sí el problema. Por supuesto, hay muchos otros que lo hacen con una sonrisa o sin darle mayor importancia. Seguramente hay tantas razones o reacciones como personas hay en este mundo. Sin embargo, no dejan de llamar  la atención aquellas que parecen ser molestadas por estas campañas.

También me ha tocado ver reacciones similares en campañas como la del Teletón, el Juguetón y otras de este tipo. Desde las que transmiten el orgullo por participar en ellas hasta las de molestia por considerar que este tipo de campañas no son más que movidas de sus promotores o que no deberían existir por considerar que nuestros impuestos deberían cubrir sus nobles causas.

Yo no considero a ninguna de estas posturas como absolutamente ciertas o correctas. Si creo que todas ellas poseen cierta validez desde la perspectiva de quién las formula pero creo también esto no es mas que resultado de cierta formación cultural. Podré no estar totalmente de acuerdo con varias de estas perspectivas pero sí estoy totalmente convencido de que nuestro país carece de una cultura para las donaciones.

No fue hasta mi primer viaje a los EUA, en 1994, que me llamó profundamente la atención ver como la herencia cultural, el bienestar y la recreación de las comunidades también podía de alguna forma ser perpetuada o mantenida por individuos u organizaciones no gubernamentales y esto era reconocido con un registro o nombrando algo en honor del patrocinador. Al no ser algo a lo que estemos acostumbrados es natural que consideremos al Gobierno como el principal (o único) responsable de la preservación de nuestra cultura y proveedor de todo servicio encaminado al bienestar y esparcimiento de la comunidad, sin fines de lucro.

Las leyes fiscales mexicanas contemplan el concepto de las donaciones y su deducción mas, sin embargo, pareciera este un extraño concepto para la mayoría. No dudo que este beneficio sea utilizado por muchos pero no creo que sea usado por la cantidad de contribuyentes que hacen o incurren en donaciones. Esto es lo que me hace regresar al asunto con el que abrí esta entrada.

Para el caso del Teletón, por ejemplo, es natural pensar que se recibirían donativos importantes y los donadores exigirían su correspondiente recibo. Personalmente me tocó saber y experimentar las dificultades en las primeras ediciones de esta campaña para obtener los mencionados recibos. Cuestión de logística yo creo pero nunca supe de algún caso en que se negara. Personalmente, también, ya no he escuchado de situaciones similares a últimas fechas.

El caso del Redondeo es diferente, creo yo. En primer lugar se trata de cantidades que para el individuo resultan despreciables, incluso inútiles. En segundo lugar se trata de cantidades por las que nadie esperaría pedir un recibo (que inclusive podría llegar a costar más que la cantidad que ampara). Así entonces no me sería difícil pensar en que esto nunca fue considerado (quizás ni consultado con la autoridad, que posiblemente también hubiera considerado improcedente el otorgar recibos para deducir centavos) y simplemente se está haciendo uso de un resquicio legal sin mayor importancia para el contribuyente.

Tal vez hasta este punto, intrascendental, terminaría esta nota de no ser por algo que mencioné anteriormente. Si bien es cierto que en términos contables esto no pasé a mayores, si es cierto que para muchos la proliferación de estas campañas generan algunas molestias. En todas éstas hay elementos de imagen y publicidad que benefician a las compañías participantes, eso no se puede evitar, aunque así se desee. Habemos inclusive muchos que consideramos aun existe una falta de transparencia o información en todo esto que nos puede llevar a pensar que todo el dinero recaudado puede ser presentado para deducir impuestos cuyo único beneficiario resulta una empresa que solo recolectó la cantidad pero que no aportó nada de ella.

Como ya he mencionado, son percepciones; mientras no haya algo que las refute o compruebe cada quién puede o no creer en ellas. La reflexión final a todo esto es que existe un beneficio doble para todo aquel que hace un donativo. El primero debe ser la satisfacción de poder ser parte de un esfuerzo de ayuda o mejora a la comunidad a la que pertenece el individuo. El segundo los beneficios fiscales detrás de esto. Pero, tanto para este último como el primero lo mejor es olvidarse de los centavos y hacerlo, apropiadamente y de acuerdo con las posibilidades de cada quién, en una cantidad significativa. Importante también es que las empresas y las autoridades a cargo trasparentaran todo lo que hay alrededor de estas campañas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.